Castillo de Mijas

Castillo de Mijas
                                  

  • Coordenadas (ED50): X 353.530 – Y 4.051.291 / Lon 4º 38' 14.64" W – Lat 36º 35' 43.01" N

Al igual que la fortaleza de Osunilla, la de Mijas tenía como finalidad la protección de la población frente al ataque de enemigos, no tratándose de un lugar específicamente dedicado a un asentamiento militar y, de igual forma, tampoco sabemos mucho sobre su estructura original, pues tras la conquista de la población por los Reyes Católicos en 1487 fue sufriendo un irreversible proceso de abandono.

En la actualidad solo quedan algunos restos de una torre (reconstruida hace pocos años) y muros que marcaban su perímetro, pero la mayoría de ellos son reconstrucciones de época moderna y su finalidad, más que defensiva, era de protección para evitar posibles caídas de los vecinos por los tajos que rodeaban la población, ya que Mijas se sitúa sobre una plataforma rocosa rodeada por sus lados este, sur y oeste de fuertes desniveles, lo que permitía la defensa natural del mismo, por lo que la zona más fortificada se correspondía con su lado norte, lugar donde aún podemos apreciar algunos restos de dicha fortificación.

No obstante, disponemos de un documento que nos puede dar una idea sobre su estructura y que reproduciremos de forma íntegra por su elevado interés histórico; se trata de un fragmento de la “Crónica de los Reyes Católicos” escrita por Diego de Valera, que nos informa que en septiembre de 1485 los Reyes Católicos, tras la conquista de Marbella, del castillo de Fuengirola y de Benalmádena, enviaron a un famoso escalador, Juan Ortega de Prado, para estudiar la situación del castillo de Mijas y planificar un asalto al mismo.

Una vez planificado, desde Marbella partieron para Mijas el Conde de Ribadeo junto a Ortega de Prado y un contingente de 80 hombres a caballo y 300 peones, a los que se unirían 100 hombres más que habían desembarcado junto con Alonso Pérez de Saavedra en el fondeadero del castillo de Fuengirola. Llegados cerca de Mijas, Ortega se adelantó para escalar la fortaleza con 30 hombres, mientras que el conde permanecía a los pies de la misma con 60 más; el resto quedó con Alonso Pérez algo más rezagado para ocupar la población tras ser tomada. El documento nos cuenta así el asalto:

Ortega de Prado puso sus escalas, en que había trece trozos y luego él saltó en la torre y algunos que lo siguieron y por su mano mató al alcaide y a su mujer. Y fueron subiendo los treinta que con él venían y los que con él subieron descendieron por la fortaleza y mataron a otros dos veladores y tomaron otras tres torres. Y subidos todos los treinta y apoderados de la fortaleza, aunque a la parte de la villa era muy flaca [los muros internos eran poco consistentes], todos los moros vinieron a pelear con los cristianos y quebraron la puerta y aunque fue bien defendida entraron por otra parte.
Y Ortega de Prado volvió sobre las escalas y dio grandes voces al conde diciendo que mandase subir a la gente, que él y los que con él habían subido tenían la fortaleza. Y el conde respondió que no podía hacer subir a ninguna persona por mucho que lo porfiaba. Y Ortega de Prado volvió al patio donde los cristianos peleaban y trabajó tanto, él como los que con él habían entrado, que echaron fuera a los moros. Y allí quedaron los cristianos muchos heridos y seis muertos. Y Ortega de Prado volvió otra vez a dar voces al conde, pero falló la gente muy arredrada [asustada] de la escala y el conde muerto, y cansado de dar voces a la gente que subiesen y jamás quiso ninguno subir; y ya la fortaleza estaba llena de moros y los cristianos los unos muertos y los otros heridos.
Y Alonso Pérez de Saavedra llegó para subir en la escala y Ortega de Prado le dijo que no subiese, que más aprovecharía en mandar subir a la gente. Y así ninguno subió, salvo tres criados de Alonso Pérez y Ortega de Prado, y algunos que con él estaban defendieron las escalas y quedaron diez cristianos atajados en una torre, donde los moros les pusieron fuego. Y todos los otros eran muertos y heridos, salvo trece o catorce que salieron los más de ellos heridos, siete tumbando [tirándose] por las escalas y los otros siete por el muro, donde algunos se quebraron las piernas y otros los brazos. Y entre estos fue muy herido Ortega de Prado y así él y los otros que escaparon llegaron donde la gente cobarde estaba, por la poquedad [falta de espíritu] de los cuales se perdieron allí hombres muy buenos y esforzados y quedaron los moros [mijeños] con su fortaleza.

Podemos comprobar que la fortaleza de Mijas constaba de 4 torres que posiblemente formaban un polígono, en cuyo interior existía un patio y a la que se accedía por una puerta de entrada desde la población que era la zona menos fortificada.

Hoy en día solo podemos vislumbrar ciertas lugares donde se adivinan los basamentos de alguna torre y muros, sobre los que solo la arqueología nos podrá desvelar su origen y configuración.